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El chiste perfecto

Buenísimo chiste de conductores (o de políticos) 😉

Un señor que va en coche y se percata de que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:

– ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro!

– Claro que sí -le contesta- se encuentra usted en un coche, a unos 7 Km. del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.

– Es usted ingeniero, ¿verdad? -dice el del coche

– Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?

– Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es «técnicamente correcto», pero «prácticamente inútil»: continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.

– Usted es político, ¿verdad? -pregunta el de la calle.

– En efecto -responde orgulloso el del coche- ¿cómo lo ha sabido?

– Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía…

¿ERES DE IZQUIERDA O DE DERECHA?

Una gran lección por sólo 50 euros.

Recientemente le pregunté a la hija de un amigo, qué le gustaría ser cuando fuera mayor.

Ella respondió que quería ser Presidente, algún día.
Sus padres, ambos del Partido Socialista, estaban presentes, y yo continué preguntando:

«Si algún día llegaras a ser Presidente, ¿qué sería lo primero que harías? »

Ella respondió sin vacilar: “Daría alimentos y viviendas a todos los pobres.»

Sus padres, orgullosos, pelaron los dientes en una radiante sonrisa:

«¡Bravo, que propósito más loable!» le dije.
Y continué: «Pero para eso NO tienes que esperar a ser Presidente. Puedes venir mañana a mi casa a cortar el césped, sacar las malas hierbas y abonar el jardín,
y te pagaré 50 euros por el trabajo. Luego te llevaré
al supermercado de mi barrio donde siempre hay un mendigo, y tú podrás darle el billete para que se compre comida y empiece a ahorrar para su casa.”

La chica pensó durante unos segundos; luego, mirándome fijamente a los ojos me preguntó:

“¿Y por qué no va el vagabundo a hacer el trabajo,
y le pagas directamente a él?»

“Bienvenida a LA DERECHA «, le contesté.

(sus padres aún no me hablan…)